Unas normas para la cofradía lucentina del Rosario a finales del siglo XVII
©Luisfernando Palma Robles
Publicado en ElAguinaldo, Lucena (1997)
En Regina et Mater, 1994, en un trabajo intitulado "Rosario Dolorosa", efectué una serie de consideraciones acerca de la vinculación de María Santísima del Rosario con Lucena y en particular con la parroquial de santo Domingo de Guzmán. Allí indicaba que en el caso de que la cofradía de la Oración en el Huerto llegase a tener Titular mariana, por razones histórico-religiosas, sería conveniente darle a ésta la advocación de Rosario en sus misterios dolorosos.
La Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, corporación de gloria, se erigió, según don Fernando Ramírez de Luque, en el convento de san Pedro Mártir en 1576, aprobándose sus primitivas constituciones en 5 de abril del año citado por el obispo Fr. Bernardo de Fresneda, poco tiempo después de la llegada de los dominicos a nuestra entonces villa.
Un siglo después, el 8 de septiembre de 1681, en cabildo general celebrado por la cofradía del Rosario, el padre Fr. Juan de Rivas, calificador del Santo Oficio de la Inquisición y prior del convento de san Pedro Mártir, puso a consideración de los asistentes una serie de puntos para el mejor gobierno de la corporación y mayor servicio a la Virgen Santísima, con objeto de llevarlos a la práctica después de celebrada la fiesta solemne de octubre, principal de la cofradía, de aquel año.
Estos puntos o capítulos propuestos por el padre Rivas fueron siete, que a continuación extracto. Salvo el primero todos los demás son de carácter patrimonial.
El primero hace referencia a la duración del cargo de hermano mayor fijándolo como máximo en dos años, porque "son muchos lo que desean servir en este ministerio a Nuestra Señora".
El segundo obliga a que existan dos llaves del arca de los vestidos y joyas de la sagrada imagen. Una de ellas habría de estar en poder del prior del convento y la otra sería custodiada por el hermano tesorero. Este capítulo considera el caso de ausencia de estos claveros. Entonces la llave la dejarían "en su casa a persona de su satisfacción".
El tercero concierne a los ingresos mensuales por limosna. "Que cuando el tesorero reciba la limosna que cada mes juntan los colectores o cuadrilleros, reciba juntamente de cada uno de ellos cédula firmada en que el cuadrillero declare la cantidad que entrega al tesorero y se ponga en el arca de dos llaves".
El cuarto complementa el anterior. "Que las llavecillas de los cepos en que se echa la limosna estén en la misma custodia del arca de dos llaves, y siempre que los cepos se hubieren de abrir sea con la asistencia del cuadrillero de aquel mes que certifique la limosna que se saca". Como se ve el término "cuadrillero" tiene aquí el valor de "recaudador que se releva cada mes".
El quinto punto establece el procedimiento que había de seguirse para aplicar el dinero en los gastos de la cofradía. "Que de dicha arca no se saque dinero alguno si no fuere por orden del señor hermano mayor y con cédula suya para los gastos que su merced juzgare convenientes y quede en la dicha arca la dicha cédula".
El sexto se refiere a la toma de cuentas por parte del prior al hermano tesorero. "Cada año por todos los Santos". El hermano mayor asistiría al prior en la recepción de cuentas descrita y ambos habrían de aprobarlas.
El séptimo tiene parte de disposición transitoria. "Que al tesorero que hoy es se le tomen cuentas finales y de satisfacción de lo que hubiere gastado si hiciese algún alcance y se nombre otro tesorero, el cual dure en el oficio todo el tiempo que al padre prior pareciere conveniente, para que así sirvan otros a Nuestra Señora en ese ministerio".
Los cofrades por unanimidad juzgaron convenientes los reseñados capítulos. Y allí mismo empezaron a cumplirse, pues el hermano mayor, don Alonso Daza de Torres, caballero de Santiago, renunció a ese oficio para que entrase como tal otro cofrade. Por votación secreta resultó elegido don Gómez Miño de Angulo, alférez mayor de la Ciudad. El prior aprobó dicha elección y le propuso al nuevo hermano mayor dos cofrades para que eligiese quién habría de ser tesorero. Los propuestos fueron Pedro de Cuenca y Antonio de Luque Castellanos. El primero fue el elegido.


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