Nuestra Señora de Araceli y las carmelitas descalzas de Corella
©Luisfernando Palma Robles
Publicado en Feria y fiestas en la barriada de Santa Teresa y San Jorge, Lucena (1996)
En la cercanía de la ciudad navarra de Corella hubo una villa conocida primitivamente con la denominación tan especialmente significativa para nosotros de Ara Coeli, la cual se transformó en su proceso de castellanización en Araciel. Esta villa de Araciel poseía parroquia teniendo como titular a santa Lucía, aunque anteriormente parece ser que estuvo dedicada a santa Catalina.
En esta iglesia ocurría un hecho ciertamente extraño: siempre que se producía algún golpe se oía ruido con eco en la proximidad del arranque de los peldaños del presbiterio a la parte de la epístola, que indicaba la existencia de una oquedad bajo tierra. En 1664, un capellán, movido por la curiosidad, comenzó a solas a cavar en el mencionado lugar de la iglesia. Una vez manos a la obra oyó una voz: no se canse en cavar, que no hay para usted sino tablas viejas. El capellán quedó sorprendido por estas palabras, pues no había allí más persona que él.
Diez años más tarde, como siguiesen los ecos misteriosos, ciertas personas piadosas mandaron a dos albañiles que tratasen de descubrir el origen de aquellos ruidos. La faena de ambos dio como resultado el hallazgo el 10 de diciembre de 1674 de una imagen de Nuestra Señora en un nicho labrado en la misma piedra. Los sorprendidos asistentes a este descubrimiento, después de una primera veneración, la colocaron en una capillita sobre la puerta principal de esa iglesia de santa Lucía. El 21 del mismo mes se trasladó la imagen a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Corella siendo colocada en el altar mayor.
La fama de este hallazgo corrió rápidamente por los lugares circunvecinos. Todos los responsables de los templos deseaban que el suyo fuese el lugar de residencia de tan preciada imagen. Para evitar los naturales celos, se acordó fabricar una basílica; mientras, la imagen permaneció en una ermita dedicada a santa Ana desde enero de 1675 a la festividad de san Juan Bautista del año siguiente, fecha en que se llevó a una capilla costeada por sus devotos, hasta que tuvo fin la obra de la basílica.
Sobre la denominación de la venerada imagen se recurrió al obispo de Tarazona, quien dispuso fuese llamada Nuestra Señora de Araceli, por haberse encontrado en la parroquia de Araciel, topónimo que, como ya he dicho, procedía del latino Ara Coeli.
La imagen denotaba que había portado en sus primeros tiempos un Niño sedente, por lo que se supuso que ambas imágenes se separaron cuando las circunstancias obligaron a ocultarlas. Con posterioridad volvióse al conjunto iconográfico Hijo-Madre.
El prodigiario de esta imagen devocional homónima de nuestra Patrona es extenso. Cabe destacar los milagros obrados en niños que padecían mal de quebradura, a quienes cuando eran presentados por sus padres o cuidadores ante el altar de Nuestra Señora de Araceli de Corella se les rompían las ligaduras que traían, en señal de recuperación de salud, como ya innecesarias.
Anoto otro milagro, éste subacuático. Un ciudadano de Borja, pasando el caudaloso río Aragón, fue llevado de la corriente y sumergido entre las ondas por espacio de un cuarto de hora. Cuando se vio en tal trance, invocó a esta imagen navarra de Araceli. Los que estaban en la orilla lo daban por muerto, mas él llegó sano y salvo ante ellos y les manifestó haber visto en las profundidades acuáticas un resplandor que le ayudó a salir del peligro sin saber cómo.
En el año 1722 fundaron las madres carmelitas descalzas en la ciudad de Corella y desde entonces la basílica de Nuestra Señora de Araceli es la iglesia del predicho convento carmelitano. En el año 1864 se efectuaron notables reparaciones en el templo, que fue reabierto solemnemente el 12 de junio de ese año. De esa misma fecha es la edición de la novena compuesta por el doctor don Jorge Florit de Roldán. En ella se indica como fecha más apropiada para comenzarla la de la víspera de la Invención, que -ya se ha dicho- se celebra el 10 de diciembre. En la actualidad, se sigue celebrando, litúrgicamente puesta al día, citada novena, teniendo lugar su segundo día (10 de diciembre) la función principal en honor de Nuestra Señora de Araceli, con asistencia de una representación municipal compuesta por varios ediles.


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