Lucena, 1936: cuaresma y semana santa
© Luisfernando Palma Robles
Publicado en Soledad, Lucena (2006) .
Este año, 2006, se cumple el septuagésimo aniversario de la sublevación militar que tuvo como consecuencia la guerra civil española del siglo XX.
El domingo 16 de febrero de 1936 se llevaron a cabo elecciones generales que dieron la victoria al Frente Popular. Son tiempos difíciles, que llevan a la declaración del estado de alarma como medida precautoria ante la posibilidad de desórdenes públicos. La Falange había anunciado, previamente a la celebración de las elecciones, que no acataría el resultado de éstas; por el contrario, el ala extrema de los socialistas había amenazado con la guerra civil si el Frente Popular salía derrotado en las urnas.
En este clima, en este estado de cosas, se presentó la cuaresma. El miércoles de Ceniza llegó raudo, concretamente diez días después: el 26 de febrero. En el plano académico, Lucena -o al menos sus habitantes preocupados por la educación y la cultura- estaba por aquellos meses de enhorabuena; pues a finales del año anterior, una orden ministerial había concedido el carácter de nacional al Instituto de 2ª enseñanza “Barahona de Soto”.
El 20 de febrero fueron destituidos los vocales que conformaban la Comisión Gestora municipal, siendo nombrados los nuevos componentes dos días más tarde. De entre ellos, se eligieron los cargos concejiles, que quedaron distribuidos de la siguiente manera: alcalde, don Anselmo Jiménez Alba; primer teniente, don Domingo Cuenca Navajas; segundo teniente, don Javier Tubío Aranda; tercer teniente, don José López Jiménez; cuarto teniente, don Manuel Molero Bergillos; quinto teniente, don Domingo Cuenca González; primer regidor síndico, don Francisco de Paula Beato Marín, y segundo regidor síndico, don Antonio Ramírez Varo.
Como era tradición, el miércoles de Ceniza comenzó en la iglesia de San Martín, de agustinas recoletas, el quinario al Crucificado en la imagen del Cristo del Calvario, que había sido costeado por el presbítero lucentino don Rafael de la Torre y Lara, quien en 1849 lo ofreció para que formase parte de la procesión del jueves santo de la cofradía de la Veracruz y Paz. Consta que las demás figuras que componen este misterio son obra del imaginero local don Pedro Muñoz de Toro (1854).
Este quinario introductorio de la cuaresma en San Martín se ha venido celebrando, según información procedente de la comunidad agustina, hasta hace unos cuarenta años. Todo el grupo escultórico de la Sagrada Lanzada (Calvario) se colocaba en el lateral de la epístola, ante la puerta llamada de san Pedro y el altar de la Virgen de la Correa. Las monjas, desde el coro, entonaban Afectos y suspiros de un corazón arrepentido a Cristo Crucificado, con letra original de una artista que, contrita, abandonó la vida licenciosa que llevaba. La comunidad agustina tuvo la amable generosidad de proporcionarme reprografía de un impreso de Tenllado con dichos "Afectos..." fechado en Lucena en 1866, a cuyo pie reza la concesión de doscientos cuarenta días de indulgencia por su canto devoto. El ejercicio del repetido quinario A la Pasión y Cinco Llagas de Nuestro Dulcísimo Jesús Crucificado (...) según se practica en la Iglesia de Religiosas Agustinas recoletas de la Ciudad de Lucena se editó en 1865 en Sevilla, imprenta de Álvarez, calle Génova (hoy avenida de la Constitución).
El comienzo de este quinario en 1936 se fijó para las cinco y media de la tarde. Durante los cinco días de culto estuvo el jubileo circular en el templo agustino. Después esta adoración eucarística se trasladaría a la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, coincidiendo con la celebración del quinario a Nuestro Padre Jesús. Del 5 al 9 de marzo el jubileo circular pasó a la iglesia del hospital de San Juan de Dios, con motivo de la festividad de este santo fundador.
El 9 de marzo, en el punto de ruegos y preguntas de la sesión celebrada por el Ayuntamiento, el concejal de Izquierda Republicana don José María Cantero Ruiz pide que
se den órdenes para evitar que se canten saetas y toquen los tambores.
El alcalde don Anselmo le contestó que ese tipo de ruegos debían efectuarse a las respectivas comisiones para que sean éstas las que hiciesen al Ayuntamiento Pleno las propuestas.
El 10 de marzo comenzó en la parroquial de Nuestra Señora del Carmen la novena en honor de san José. El jubileo de cuarenta horas tendría lugar en ese templo del sur lucentino hasta el día 19. Este día, en la función solemne, predicó el guardián del convento franciscano Fr. Adolfo Paricio. El 20 de marzo pasó el jubileo a la parroquial de Santiago con motivo de efectuarse en ésta, con prédicas de su rector y cura propio, don Ángel González Muñoz, la novena a María Santísima de la Soledad, que culminó el día 29 con función, siendo el panegirista el sacerdote don David Rodríguez Hidalgo, entonces coadjutor de la parroquial jacobea.
San José se celebró también en la parroquial de Santo Domingo de Guzmán. Allí, la Asociación Josefina solemnizó la fiesta del 19 de marzo con una función en la que el sermón corrió a cargo del Dr. D. Francisco Velasco, deán de la catedral de Coria. Este mismo canónigo fue el encargado de la palabra en el triduo que la misma asociación dedicó al Esposo de María, su Titular, en las tardes de los días 19, 20 y 21 de marzo.
En aquellos días cuaresmales, además de los actos religiosos, también estaban presentes los espectáculos. En el teatro Alhambra de la calle Santa Catalina (Juan Valera, desde julio de 1937), actuó la compañía conocida popularmente por “Los Arroyos” con la obra de Antonio Quintero y Pascual Guillén Morena Clara, así como con la farsa de Juan Ignacio Luca de Tena ¿Quién soy yo?, que había sido estrenada en Madrid, teatro Alcázar, en octubre anterior. En este mismo recinto actuó “La Niña de la Puebla”, en un espectáculo llamado Ópera Flamenca. Por cierto que Morena Clara sería estrenada en el cine Rialto de Madrid como película, protagonizada por Imperio Argentina y Miguel Ligero, en el V aniversario de la proclamación de la República: 14 de abril de 1936.
En el teatro Principal tuvieron lugar los bailes de máscaras carnavalescos organizados por el Círculo Mercantil y se proyectaron “vistosas películas de alto nivel moral” -calificadas así en la prensa católica-, tales como María Luisa de Austria, Vidas Rotas, Luces del Bósforo y Cantante de Nápoles, esta última con el afamado tenor Enrico Caruso.
La Banda Municipal de Música ofreció el domingo 29 de marzo, a las cinco de la tarde, desde su tablado, que, como de costumbre, procedente del paseo de Rojas se había trasladado poco tiempo antes a la plaza de la República (Plaza Nueva), un completo concierto, que incluyó la zambra Azabache, sangre y cobre, original de su director don Manuel Gordillo y Ladrón de Guevara, junto con obras de Serrano, Vives, Mendelssohn...
Hemos señalado cómo en aquella cuaresma el nombre oficial de la sempiterna “Plaza Nueva” era el de plaza de “la República”. Ese mismo año, y a raíz del golpe militar, en septiembre se aprueba por el Pleno municipal un dictamen de la comisión de Policía Urbana y Rural por el que pasa a llamarse plaza del “General Sanjurjo”. Como se sabe, este militar navarro estaba llamado a ser jefe los insurrectos, pero un accidente de aviación, sobre el que mucho se ha especulado, acabó con su vida el 20 de julio de 1936. A finales de septiembre, principios de octubre Franco sería designado “generalísimo de los ejércitos y jefe de gobierno del Estado español”. Por el referido acuerdo de la Corporación municipal lucentina tomado aquel septiembre, se modificó el nombre de otras calles vinculadas a la “España roja”, entre ellos el de la clásica calle “Mesón”, llamada oficialmente en la II República “Pi y Margall”, que pasaría a denominarse “General Franco”.
En mayo de 1937, ya con Franco bien consolidado en el poder, se produce una nueva modificación en la toponimia callejera. La plaza del “General Sanjurjo” cambia a plaza del “Generalísimo Franco”, la calle “General Franco” recuperaría el nombre de “General Alaminos”, que se le había dado en 1917, y la calle “Salidos” pasaría a llamarse “General Sanjurjo”. Al general Mola, otro destacado militar del bando de los sublevados, jefe del ejército del Norte y también desaparecido en accidente de aviación, dando lugar también éste a la consiguiente especulación, le fue dedicada la calle “Emilio Castelar” (“El Agua”). Ínterin el gobernador civil aprobaba estas modificaciones de nombres de las calles, ocurrió el accidente últimamente reseñado, lo que movió a un grupo de vecinos de la “Plaza Alta y Baja” a solicitar a finales de julio de 1937 que ésta pasase a denominarse plaza del “General Mola”. La petición fue naturalmente desestimada, puesto que ya estaba en marcha el expediente de modificación nominal de la calle “Emilio Castelar”.
Tras esta digresión sobre el callejero, volvemos a la cuaresma lucentina de 1936, nos vamos con la música a otra parte.
La Banda Municipal de Lucena sería contratada para actuar en la semana santa de Sevilla; concretamente el domingo de Ramos en la cofradía de San Roque, el lunes en la de las Aguas (entonces trianera), el martes en la de la Candelaria, el miércoles en la Sagrada Lanzada y el jueves en la del Valle. La prensa local indicaba la posibilidad de que actuase en la madrugada y mañana del viernes santo en la hermandad de la Esperanza Macarena. La Banda regresó de la capital andaluza el sábado de Gloria y según las crónicas su actuación había merecido los mayores elogios.
La familia franciscana de Lucena se encontraba por aquellos días de luto, a causa del fallecimiento en Idiazábal (Guipúzcoa) a los 96 años de edad de doña María Josefa Imaz, viuda de Iparraguirre y madre del reconocido padre Miguelito. Y por aquellos días de la segunda quincena de marzo empezó a funcionar el colegio “Cervantes”, dirigido por don Manuel Osuna Torres, sacerdote y maestro, en el edificio de la calle Contador, donde antes habían estado establecidas las escuela de niños de “San Antonio”. En realidad era lo mismo, solamente que el nombre se había laicizado, caso parecido al ocurrido con el colegio de hermanos maristas llamado por entonces “Cultural Lucentina”.
Por San José se dio la noticia oficial de la convocatoria de elecciones municipales, fijándose la primera vuelta para el 12 de abril, domingo de Resurrección, y la segunda, dos domingos después, el 26. En este llamamiento se hacía una excepción con Sevilla, a causa de las celebraciones de la semana santa y feria de abril; para la capital andaluza se fijaron respectivamente los días 3 y 17 de mayo. Esta convocatoria a las urnas quedaría suspendida poco después.
El cuarto domingo de cuaresma, 22 de marzo, se celebró en la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno una junta donde se acordó que una comisión se trasladase a Córdoba con objeto de solicitar al obispo Pérez Muñoz que concediese la correspondiente autorización para que tuviesen lugar las procesiones en la cercana semana santa. Esa comisión también tenía como misión pedir al gobernador civil, don Antonio Rodríguez de León, diese las pertinentes órdenes para que se estableciesen las garantías necesarias de orden y normalidad en las referidas celebraciones procesionales. La primera autoridad provincial, en consonancia con la prohibición de manifestaciones públicas efectuada por el gobierno de la nación con motivo de la convocatoria electoral, no dio su permiso. La junta de gobierno de la archicofradía nazarena, a la vista de la suspensión de las elecciones, decide insistir en su petición cerca del gobernador civil.
El 28 de marzo, sábado víspera del domingo de Pasión, comenzó en San Mateo el clásico septenario a María Santísima de los Dolores, de la congregación servita, con rosario, salve, letanía, sermón, para finalizar con el Stabat Mater y reserva del Santísimo Sacramento. La predicación corrió a cargo del guardián franciscano, padre Paricio. El viernes de Dolores, día de Nuestra Señora, se celebró misa de Comunión a las nueve para seguir a las diez con fiesta, en la que el mismo franciscano tendría a su cargo el panegírico. Con motivo de estos cultos a la Dolorosa el jubileo circular estuvo en la mayor parroquial desde el 30 de marzo al 3 de abril.
De San Mateo pasó el jubileo a la iglesia de San Francisco de Paula (parroquia de Santo Domingo de Guzmán), donde desde el 4 hasta el 8 de abril, miércoles santo, se celebró, a partir de las siete de la tarde, el quinario dedicado al Santísimo Cristo de la Sangre, estableciéndose un turno de jubileo entre los hermanos y devotos.
El domingo de Ramos la cofradía de la Pollinita tuvo comunión general, y por la noche, en lugar de procesión externa, celebró en el interior de la iglesia mayor un miserere en el que participaron los cofrades con velas encendidas. Al parecer, fue muy numerosa la asistencia.
En la madrugada del lunes santo se trajo a hombros de su santuario María Santísima de Araceli de manera privada, por no haber sido autorizada por los responsables civiles la procesión. Como de costumbre, quedó en el convento de carmelitas descalzas hasta el sábado de Gloria, en cuya tarde se cantó en la parroquial de San Mateo una salve en su honor.
El 7 de abril, martes santo, las Cortes destituyen al presidente de la República Española, don Niceto Alcalá-Zamora, siendo sustituido posteriormente por don Manuel Azaña.
El jueves y viernes santos tuvieron lugar actos de culto en el interior de los templos: oficios, lavatorio a doce pobres, tinieblas, hora santa, miserere, vía crucis, ejercicio de las Siete Palabras…
La cofradía del Amarrado decidió el 20 de marzo no efectuar su salida procesional,
para evitar actos de irreverencia y otros mayores que pudiesen efectuarse durante la Procesión de Nuestro titular el Señor de la Columna (…), y reducirse sólo a los actos de fe católica que habían de celebrarse en la Parroquia de Santiago y se llevará a efecto el reparto de limosnas [como es] costumbre en nuestra Hermandad,
según certificó el secretario, don José Moreno Lara.
Sonaron las cinco en la madrugada del Viernes y no salió Jesús. El domingo de Resurrección comenzó en su capilla el quinario que le dedicaban los cuadrilleros de su archicofradía: rosario, salve, letanía, coplas, miserere y reserva del Santísimo Sacramento. En esos días el jubileo circular estuvo en el templo nazareno.
Sin embargo, en noviembre de ese año se acordó sacar en procesión a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Se había creado una junta para la celebración de esta procesión de carácter votivo, a la que fueron invitadas las instituciones religiosas locales, entre ellas, claro está, las demás cofradías. Así se lee al respecto en las actas de la de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna:
Por el hermano mayor [don Abundio Aragón Serrano] se dio cuenta de la invitación recibida de la Junta creada para el homenaje que había de celebrarse por la próxima entrada de nuestras gloriosas tropas en la ciudad y capital de Madrid, para que asistiera la Cofradía a la procesión de Ntro. Padre Jesús Nazareno acompañados de sus insignias, acordándose por unanimidad que se asista con la mayor pompa y lucimiento y que el Sr. Mayordomo [don Pedro Chacón y Chacón, aunque el titular era don José María Pino Rodríguez] se encargue de todo lo concerniente a dicho acto.
La cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, que había comenzado el año anterior su etapa de sábado de Gloria (hoy denominado santo), tampoco recorrió las calles de Lucena.
Fuentes documentales y hemerográficas
· Archivo Histórico Municipal de Lucena, Actas sesiones plenarias,1936 y 1937.
· Archivo de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna, Actas, 1936.
· Ideal, semanario de Lucena, Año III (1935), nº 115.
· Ideales, semanario de Lucena, año I (1936), varios números.


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