El año en que nació Mozart. Sobre religiosidad y tradición en Lucena hace 250 años
© Luisfernando PALMA ROBLES,
Publicado en Campanitas, Revista de la Cofradía del Stmo. Cristo del Amor y Mª Stma. de la Paz, Lucena (2006)
El 7 de octubre de 1756, hace un cuarto de milenio, en el convento de San Marcelo, de Roma, el padre general de los servitas, por haberse perdido la primitiva licencia, refundó la congregación lucentina de los Siervos de María Santísima de los Dolores.
El martes 27 de enero de 1756, hace un cuarto de milenio, nacía Wolfgang Amadeus Mozart una de las mayores precocidades de la Historia. Su extensa creación musical está registrada en el catálogo elaborado por Ludovico Köchel y cuya numeración llega hasta el 626. Pienso que unas veinte o treinta obras de este genio salzburgués adquieren el rango de obras maestras. Ahora, a guisa de modesto homenaje particular en esta efeméride de enero, comparo las versiones alemana e italiana de Las bodas de Figaro. La alemana que escucho es la de Furtwängler con Erich Kunz en el papel de Figaro y la Schwarzkopf en el de Rosina. ¡Cualquier cosa! Se trata de una toma en directo en la Festpielhaus de Salzburgo de agosto de 1953. Toda una joya discográfica. La italiana no se queda atrás. En esta ocasión lleva la batuta el sólido director mozartiano Karl Böhm con el extraordinario barítono Fischer-Dieskau en el papel del conde y la simpática mezzo Tatiana Troyanos en el de Cherubino.
Sin embargo, para mí la voz mozartiana femenina por excelencia, la que más me llena es la de Teresa Berganza. Quiero recordar ahora una fantástica grabación suya de la Dorabella de Cosi fan tutte, con Solti en la dirección. Es lástima que no tenga a mi alcance ninguna de sus versiones del Cherubino, personaje que según propia confesión es su preferido, y desde luego la interpretación que de él hace la mezzo madrileña alcanza la categoría de lo sublime. También su participación en esa gran obra, creo que no suficientemente valorada, que es La Clemencia de Tito, en el dificilísimo papel de Sesto, contribuye –y mucho- para consagrar a la Berganza como una de las grandes voces mozartianas de todos los tiempos. Teresa Berganza ingresó a mediados del último decenio del siglo XX en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, siendo la primera mujer que lo hacía desde su creación un cuarto de milenio antes.
He hecho sólo referencia a la producción operística del genio de Salzburgo por la universalidad que en sí misma encierra la ópera, como compendio de todas o casi todas las artes. Sin desdeñar ni mucho menos la ejecución instrumental propiamente dicha, desde hace tiempo mis preferencias musicales se centran en este género.
No soy de los que consideran a Mozart como el mejor músico de todos los tiempos. Ni a Mozart ni a nadie; de siempre me ha interesado más en el arte musical la creación que el creador. Por otra parte, el porcentaje de obras interesantes en su producción no es muy alto y en ello –qué duda cabe- influye claramente su trayectoria y circunstancias vitales. De haber vivido más y haber empezado a crear a una mayor edad es evidente que tal porcentaje sería mayor. Brahms, por ejemplo, compuso su primera obra a los veinte años y su primera sinfonía la empezó en 1855 y no fue concluida hasta 1876, cuando el autor frisaba los cuarenta y cuatro años de edad. Brahms compuso cuatro sinfonías y se ha dicho que sólo por ellas puede considerarse uno de los más grandes creadores de todos los tiempos. Justo es decir también que la sinfonía no era lo mismo en los tiempos de Mozart que en los de Brahms; en los de este músico solterón de Hamburgo la referida composición instrumental presentaba una mayor complejidad debido a su proceso evolutivo.
Sea como sea, Mozart es un grandísimo músico. Y este año, probablemente, lo vamos a tener hasta en la sopa y eso que la efeméride que se celebra no tiene dos ceros. ¿Qué ocurrirá en 2056, cuando se celebre el tricentenario de su nacimiento?
No se me puede olvidar mencionar la afición mozartiana de Luis Cernuda. En Historial de un libro, que puede considerarse como una guía que el poeta escribe para acercarnos a la comprensión de su obra, escribe que le debe a Mozart “haber gozado del más puro deleite”. En otro lugar compara el naturalismo de los retratos de Velázquez con la ópera Don Juan del salzburgués. Y si aquí la comparación se establece entre la producción de un pintor y la de un músico, hablando de Bécquer nos dice Cernuda de la “vibración gemela” que existe en la música de Mozart y en los versos de los poetas románticos. En otra ocasión es Cervantes el comparado con el compositor. Tanto en uno como en otro –escribe- “el bien y el mal quedan aceptados con divina serenidad”.
Cernuda comienza Desolación de la Quimera, último de sus libros, desgarrador y casi profético, con el poema titulado “Mozart (1756-1956)”, compuesto en Méjico en el segundo centenario del nacimiento del músico y publicado por vez primera en la revista malagueña Caracola. Traigo a estas páginas su primera estrofa:
“Si alguno alguna vez te preguntase:
`La música, ¿qué es?’ `Mozart´, dirías,
`Es la música misma.´ Sí, el cuerpo entero
De la armonía impalpable e invisible,
Pero del cual oímos su paso susurrante
De linfa, con el frescor que dan lunas y auroras,
En cascadas creciendo, en ríos caudalosos...”
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En 1756, hace un cuarto de milenio, concretamente en enero, el Ayuntamiento lucentino conoció un memorial del padre corrector de los religiosos mínimos de San Francisco de Paula, Fr. Manuel Herrero, donde se pedía que se cerrasen las escuelas de don José Gracia Huertas y don Andrés de Varo (calle El Peso). El fraile aducía en su escrito que su monasterio estaba obligado a mantener en él una clase para enseñar Gramática y Retórica, a tenor de la escritura de patronato que estos frailes de la calle El Agua habían suscrito con la Corporación municipal. En aquel tiempo el encargado de impartir tales enseñanzas era el reputado maestro Fr. Miguel de Cárdenas y Pedriñán. Según explicaba en su escrito el corrector, el convento consentía que don Juan Enríquez Bernaldo de Quirós, teniendo presente su reconocida sabiduría y lo numeroso de la población, mantuviese su clase abierta; pero que nadie más desempeñase en nuestra ciudad cátedra de Gramática, ya que en las leyes de la Novísima Recopilación se prohibía que hubiese más de una cátedra de este tipo en cada ciudad.
En el primer cabildo del año se autorizó el pago de 104 reales de vellón a don Miguel de Rojas, presbítero sacristán mayor de la parroquia, en concepto de estipendio de las cincuenta y dos misas rezadas a las Ánimas Benditas (una cada miércoles) que se habían celebrado en 1755, en razón del voto de la Ciudad hecho en 1679 con motivo de la peste, según recoge el acta capitular de 11 de septiembre del año últimamente mencionado:. “Que por cuanto esta Ciudad y sus vecinos están padeciendo la plaga del achaque del mal contagio con que Dios Ntro. Sr. por nuestras culpas tan justamente es servido de castigarnos y deseando aplacar su Divina Justicia y que Su Majestad se dé por servido restituyendo a esta Ciudad su antigua salud y librándola de tan penosa enfermedad y que para este fin son los medios al parecer más eficaces las buenas obras y ruegos de los santos y bienaventurados y atendiendo al lugar que en este caso tiene con la Majestad Divina la intercesión de las benditas ánimas del Purgatorio y deseando por este camino su alivio en el sufragio que reciben con el sacrosanto sacrificio de la Misa, esta Ciudad desde ahora hace voto y promete en nombre de todos sus vecinos de que todos los miércoles del año se diga por las Benditas Ánimas del Purgatorio una misa cantada con sus ministros en la iglesia mayor de Sr. San Mateo de esta Ciudad en el altar privilegiado y al fin de dicha misa se haga su procesión de defuntos alrededor de dicha iglesia, cantando los responsos que se acostumbra...”
Sigamos con dos noticias municipales de argumento aracelitano que creo no publicadas. El 22 de enero la Corporación municipal trata acerca del traslado de la Virgen a su santuario: “Que por don Andrés de Guzmán, capellán del santuario de Nuestra Señora de Araceli, Patrona de esta Ciudad, se solicita que su soberana Imagen se lleve y conduzca a él y coloque en el trono de su Camarín, para que los fieles devotos acudan con sus afectos a ofrecerle rendidas veneraciones y franquear sus limosnas para el alivio de los hermanos que sirven dicho santuario y demás gastos precisos que se necesitan para su adorno, en cuya atención lo hacía presente a esta Ciudad, para que determinase lo que fuese más conveniente en este asunto. Y entendido con toda reflexión lo referido, acordó que respecto de estar facilitando muchos fieles devotos de este vecindario diferentes fiestas solemnes que quieren hacer a Nuestra Madre y Señora en hacimiento de gracias del beneficio que se ha experimentado en los rigorosos terremotos que ha habido hasta de presente sin reconocerse el menor perjuicio en esta ciudad, para no privarles este fervoroso deseo y que logren el gusto que con tanto anhelo solicitan, se suspenda por ahora la conducción de nuestra Soberana Madre y Patrona a su santuario, hasta el día domingo primero de mayo que vendrá en este año, en el que la Ciudad ha de hacer la fiesta que con obligación precisa debe ejecutar anualmente, la que los señores diputados hermanos mayores de la cofradía de dicha soberana Imagen (El alférez mayor don Francisco de Porras Loaisa y el jurado don Juan Gutiérrez de Cuenca) dispondrán se haga con la mayor solemnidad que corresponde, en fuerza de la comisión y facultad que se les ha dado y en caso necesario se les da para este efecto con toda amplitud”. El 9 de febrero la camarera de esta venerada imagen doña Juana Pareja y Chacón, esposa de don Fernando de Flores y Negrón, presenta un memorial donde expresa que “llevada por su devoción solicita se haga un trono y pabellón correspondiente para la mayor ostentación, culto y veneración de dicha soberana Imagen que quiere se ponga y coloque en medio de camarín, lo que piensa ejecutar a sus expensas y de algunas limosnas que para ello le franquean diferentes devotos y que reconociendo la suplicante de que la Ciudad ha de atender a esta buena obra para ir como va dirigida al mayor culto de su Patrona, Madre y Protectora nuestra, lo hacía presente para que supliendo cualquiera defecto que cause su ardiente deseo, se sirva conceder la licencia y facultad que se requiere para lo referido, a fin de que se principie y perfeccione esta obra sin embarazo alguno. La Ciudad, visto el memorial, da las gracias a la señora Pareja por la devoción, celo y asistencia que tiene a dicha soberana Imagen y acuerda que desde luego y sin embarazo alguno plantifique, arregle y ajuste el citado trono y pabellón, según y en la conformidad que lo tiene manifestado y fuese de su dictamen y parecer, y en caso necesario la Ciudad le da el permiso y facultad que para ello hubiese menester, y también la de que se pueda aprovechar para dicha obra de ocho palos de la alameda del Cascajar que se reconozcan ser útiles para ella por el maestro que la ejecutase, los que se le dan por vía de limosna para tan sagrado fin, cuyos palos se señalen y corten, con intervención de los señores diputados de alamedas (don Nicolás Buendía Sahajosa, regidor de preeminencia, y don Bartolomé Romero del Valle, jurado) con arreglo a lo prevenido en la última Real ordenanza e instrucción expedida sobre este particular”
En los primeros días de febrero, ante la proximidad de la cuaresma, se trata por los señores capitulares sobre el abastecimiento de bacalao para el período comprendido entre el miércoles de ceniza de ese año hasta el martes de carnestolendas del siguiente. Se decide publicar bando y consiguientemente admitir las posturas de los interesados en referido abasto.
El día de san José fue viernes y hubo misas con sermón en la ermita de Nuestra Señora de la O, en la Calzada; en la de Jesús María, calle Mesón, y con ministros, en Santiago. En el Carmen se celebraría la función costeada por la Corporación municipal en cumplimiento del voto efectuado en 1650 a raíz de no haber padecido Lucena la epidemia de peste bubónica que tantas víctimas mortales causó en otras ciudades.
El domingo de ramos fue el 11 de abril. Para el jueves y viernes santo se designaron a los caballeros capitulares que habían de tomar las llaves de los sagrarios de las iglesias conventuales de San Francisco de Asís y de San Francisco de Paula, en consecuencia con lo dispuesto en las respectivas escrituras de patronato que tanto unos frailes como otros habían suscrito con la ciudad; para el primero se designa al alférez mayor don Francisco de Porras Loaisa, y para el segundo al regidor de preeminencia, don Nicolás Buendía Sahajosa. Se acuerda, como era costumbre, costear la cera de los monumentos eucarísticos de semana santa en ambos conventos. La cantidad que se daba a cada comunidad era de 200 reales.
Es de notar que en la relación de obvenciones de los curas de la parroquia de San Mateo no se refleja la asistencia de éstos a las procesiones de semana santa, lo que sí ocurre en los casos de los años anterior y posterior. Cabe preguntarse si en 1756 el tiempo impidió esas manifestaciones externas de religiosidad tradicional, no se celebraron por alguna razón ignota (¿consecuencias del terremoto de Lisboa de noviembre anterior?) o bien por desconocido motivo no asistió la parroquia a ellas.
Consta que la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad adquirió nuevos enseres para su procesión. El sastre Polonio hizo una túnica morada y una capa verde para la imagen de san Juan evangelista, así como el guión procesional de damasco negro con su galón de plata y cordón de seda, éste realizado por el tío Pedro, experto botonero; también se arregló ese año la cruz del guión blanco. Asimismo se prepararon para los disciplinantes dos docenas de jubones blancos y docena y media de capirotes. De la tienda de Jáuregui se compró la estopilla necesaria para hacer una nueva toalla de la Santa Cruz, que salía sobre andas en la procesión del viernes santo. Otro artista que trabajó ese año para la citada hermandad de Santiago fue el tallista y escultor Pedro de Mena y Gutiérrez, quien llevó a cabo el arreglo y adaptación de unos ángeles para el trono de Nuestra Señora de la Soledad.
Se sabe que esta cofradía hoy del sábado santo celebró su función del martes de pascua, con sermón y vísperas. El día de antes había tenido lugar misa con sermón y manifiesto. Esa misma jornada hubo procesión a Nuestra Señora de Araceli por la “gente del campo”.
A finales de mayo se tuvo noticia del fallecimiento de doña Teresa de Moncada y Benavides, la duquesa de Medinaceli y marquesa de Aytona. Se toma el acuerdo de dedicar por su alma solemnes exequias en San Mateo con la asistencia de campanas que se acostumbraba en estos casos. El Ayuntamiento gastó en estas exequias la cantidad de 382 reales de vellón, cantidad que se acerca al salario anual de los porteros municipales (400 reales) y supera la retribución por el mismo período del pregonero público (330 reales). En enero de 1757 moriría doña Jerónima Espínola y de la Cerda madre del duque don Luis Antonio. En menos de un año, éste perdió a su mujer y a su madre.
El primer domingo de junio coincidió aquel año con Pentecostés; con tal motivo, hubo fiesta religiosa en la ayuda parroquial de Santiago al Espíritu Santo. El domingo siguiente, domingo de la Santísima Trinidad, el escenario festivo-religioso fue la ermita trinitaria de Dios Padre, donde se solemnizó con sermón la misa del día.
El Ayuntamiento gastó en la festividad del Corpus y su octava 7.349 reales y 33 maravedís, que se celebraron respectivamente los días 17 y 24 de junio. Poco días antes, el 14, el nuevo obispo de la diócesis cordobesa, don Martín de Barcia, tomó posesión de su cargo.
El sermón de la función del día del Señor costeada por la hermandad sacramental correspondió ese año a un fraile del convento del Valle, por lo que tal comunidad recibió 64 reales y fueron 21 los que se pagaron a los capellanes que llevaron el palio y la cruz en la procesión del día de Corpus y de su octava.
En cuanto a la composición del Cuerpo rector de la ciudad hemos de indicar que el 4 de mayo se recibió al nuevo corregidor don Marcos de Lara y Ayllón, el cual, como era entonces preceptivo, juró defender el misterio de la Concepción Purísima de María; desde diciembre de 1755 venía ejerciendo interinamente las funciones de corregidor don Fernando Venero de la Gruesa. Un mes más tarde, don Francisco de Porras Loaisa sustituye a don Nicolás de Buendía Sahajosa en la tenencia de la corregiduría lucentina. A principios de noviembre se recibe como regidor, previa su designación por el marqués- duque don Luis Antonio Fernández de Córdoba Espínola de la Cerda, a don Francisco de Paula Ramírez Chamizo y San Martín, II marqués de Montemorana, destacado mecenas de la piedad popular tanto en vida como a través de su testamento.
Consta haberse celebrado en septiembre de aquel año, y con motivo de la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, una función religiosa en honor del Santo Cristo del Valle, crucificado pintado que se había colocado en 1732 en su retablo callejero de la ermita de la calle Corralás, y otra, de carácter mariano, dedicada a Nuestra Señora de la Cabeza, calle Alamillos. Esta última tuvo lugar el domingo día 19, en cuya tarde se celebró la correspondiente procesión.
El segundo domingo de octubre, día 10, el más próximo a la festividad de Nuestra Señora del Rosario, hubo misa con ministros en la capilla de Nuestra Señora de la Aurora, cuya cofradía iba camino de su medio siglo de existencia.
El domingo 21 de noviembre, la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad celebró la fiesta del aniversario de difuntos. El clarinero de la ciudad era por entonces Gregorio Bartolomé, quien gozaba de un salario anual de cien ducados.
El primer día de diciembre se tuvo constancia en el Cabildo municipal de que en muchos lugares del término se hallaba canutillo de langosta aovado y que pronto resucitaría, lo cual sería causa de graves daños en las fincas y sementeras. Se decide entonces que Juan de Algar, inteligente en la materia y apreciador de tierras y heredades, reconociera esos sitios para actuar en consecuencia. A mediados de mes se conoció el informe del perito Algar en el sentido de haber langosta en el término. Al respecto se acuerda que antes de hacer el repartimiento de contribuciones entre los vecinos que estaba prevenido por la Superioridad se tratase con el vicario, don Antonio Julián de Montoya, y los presbíteros don José de Arjona Hurtado, relacionado con la frustrada fundación del colegio de la Aurora, don Francisco de Navas y don Manuel Vicente de Huertas, el modo de aportación de los eclesiásticos para el exterminio de la plaga, ya que no podían, por Reales disposiciones, eludir su aportación económica en la lucha frente a esa plaga.
Con misa de sagrario se celebró el 3 de diciembre la festividad de san Francisco Javier en la parroquial de San Mateo, templo donde en 1713 comenzó a recibir culto una imagen de este apóstol de las Indias en la nave de la epístola, desde donde fue trasladada a la capilla de San Pedro y posteriormente a un altar situado en el mismo lugar que hoy ocupa el retablo servita, al que se incorporó la imagen del santo navarro cuando fue construido.
Devoción muy popular era la de san Nicolás de Bari en el templo de los mínimos de San Francisco de Paula; allí el martes 7 de diciembre hubo víspera y misa cantada en honor de este obispo italiano. Por voto de la Ciudad se celebraba fiesta a la Concepción Purísima en San Francisco de Asís; a ella acudía la Ciudad con 317 reales y 22 maravedís.


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